PADRES Y ADOLESCENTES 2.0: DE REDES SOCIALES Y VIDEOJUEGOS

 

 

Es habitual que en las consultas de los psicólogos, encontremos hoy en día a padres preocupados por el uso que hacen sus hijos menores de las redes sociales y los videojuegos. Muchos de sus recelos vienen del desconocimiento de cómo funcionan estas redes, que les llevan a concluir que son algo negativo para el adolescente. Pero vayamos por partes…
1. Las redes sociales: son una vía más de socialización de los menores. Es conveniente instruir al adolescente en pautas para un uso correcto y seguro (no contactar con desconocidos, no revelar información íntima, seleccionar las imágenes que se comparten…). Si los pensamos bien, las precauciones no son tan distintas a las que daríamos a nuestros hijos de cara a las relaciones “en persona”. Asimismo, es importante inculcarles la idea de que el contacto con iguales a través de redes sociales es complementario, y no sustitutivo, de la interacción cara a cara con amigos y compañeros.
Otro aspecto que suele preocupar a los padres es el tiempo de conexión o patrones de uso que pueden llegar a ser excesivos. Un patrón de uso sano de las redes sociales, y del móvil en sí, es aquel que no implique señales de dependencia, es decir, que al menor no le suponga un elevado malestar no disponer del móvil porque, por ejemplo, se ha estropeado, o la comprobación compulsiva de si ha recibido o no mensajes. Un criterio útil a tener en cuenta, puede ser la interferencia que puede suponer en su rendimiento académico y en el cumplimiento de sus tareas escolares y de la vida diaria.
Prohibir el uso de las redes sociales, salvo en casos donde haya antecedentes de acoso o de conductas imprudentes, con el fin de que los padres nos quedemos “más tranquilos”, implicaría imponerle una traba para su socialización, de alcance similar a prohibirle ver la tele.

2. Los videojuegos: son una nueva forma de desarrollar la faceta lúdica de los menores. La clave está en seleccionar aquellos juegos con contenidos apropiados a la edad y al desarrollo mental y emocional del menor, y que se adapten a sus gustos. Aquí nuevamente, las claves están en el patrón de uso que haga el menor de los mismos. ¿En qué caso sería aconsejable restringir el acceso al videojuego? En casos en los que jugar supongan al menor un elevado nivel de activación (grita, insulta a la pantalla o a otro jugador online de forma frecuente y habitual), interfiere con el cumplimiento de sus tareas o experimenta un elevado nivel de malestar cuando, por el motivo que sea, no tiene acceso al juego. Igualmente, conviene en instruir al menor en pautas de seguridad sobre los jugadores online con los que inicia una partida.

En resumen, aplicar el sentido común, y adoptar posturas moderadas (ni la prohibición y ni acceso libre e ilimitado).
En este link se puede consultar una guía interesante sobre indicadores de abuso y dependencia de las redes sociales y videojuegos.

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